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Los vigilantes de la playa (de Gandia)



 

Robert Llorca.- "Es una vocación. Un trabajo de responsabilidad, donde la figura del socorrista es imprescindible. Es un orgullo poder salvar vidas y pensar que tu actuación es básica". Así describe Óscar Bolo, coordinador de Cruz Roja en la playa de Gandia, el oficio de vigilante de la playa.

La realidad supera la ficción. El día a día de los socorristas de Gandia supera con creces las aventuras de los musculosos chicos y exuberantes chicas de la serie Los vigilantes de la playa. En las aguas de la capital de la Safor se rueda cada día, pero las escenas no se puede repetir. Los socorristas no son actores, son profesionales del salvamento acuático.

Cada día, la sesión empieza minutos antes de las 10 de la mañana. Todos los socorristas entran a la misma hora, firman y cada uno mira el planing para ver en qué puesto le toca y quién será su pareja de trabajo. Cogen las herramientas y se desplazan, mayoritariamente con la moto, hasta su puesto de socorrismo. A las 10, se izan las banderas que indican el estado de la mar.

La decisión del color la toma el coordinador, Óscar Bolo. "Esta mañana he dado una vuelta y he visto como estaban las olas. Cuando ponemos la bandera, tenemos en cuenta la retención del agua, la corriente y el viento" , explica Bolo.

Son 40 profesionales repartidos por los 16 puestos de salvamentos, situados en la orilla de la playa. A lo largo de los 5 kilómetros que tiene la playa de Gandia, hay un puesto cada 300 metros con dos socorristas. Se pueden distinguir por la sombrilla de color rojo. También hay un médico y 6 enfermeros para asistir las urgencias en las 3 puestas de la playa: la base situada en Brisa, y otras dos en Manila y President.

Guardería

Los servicios de guardería cuidan alrededor de 20 niños perdidos los días festivos

Hace pocos años, se introdujo el servicio de guardería. 6 voluntarios, 3 de mañana y 3 de tarde. "Si se pierde un niño, los socorristas avisan los voluntarios de guardería para que vayan y cuiden del chaval hasta que vayan sus padres", explica Mª Dolores Marco, voluntaria de guardería. Y tienen mucha faena, un domingo de verano, se pierden alrededor de 20 niños. En todo 1998, se recuperaron 421 personas perdidas. Marco comenta una curiosidad: "el niño siempre va cara al sol, es fácil encontrarlo en el Grau, cuando sus padres están en el final de la playa".

Los vigilantes tiene dos títulos. Hace falta el de primeros auxilios y el de socorrismo acuático. "Consta de dos pruebas. Un examen teórico y un práctico en piscina: 200 metros en 4 minutos, 25 metros de buceo y arrastrar una persona 100 metros", comenta el agente preventivo, Jesús Melià. Y cada año para seleccionar los socorristas se hacen unas pruebas teóricas y físicas "para que se preocupen de tener una buena preparación y unos buenos conocimientos", añade Bolo.

Los medios con los que cuenta la Cruz Roja de la playa son numerosos. Cada socorrista lleva walki, lata de rescate (también llamado torpedo de color rojo) y una riñonera con una máscara para hacer el boca a boca y unas bolsas de rescate. Los salvavidas ya no se usan, "es un material muy obsoleto para el rescate", comenta Bolo.

Los socorristas también cuentan con 4 embarcaciones: 2 motos acuáticas, llamadas Romeo, y 2 lanchas, llamadas Make. Las 2 motos vigilan los extremos de la playa desde dentro del agua y una lancha está en el centro vigilando, y la otra de reserva.

También hay dos ambulancias y un todo terreno. Las ambulancias se desplazan ante el aviso de los socorristas, llevan los pacientes a las puestas sanitarias y los atienden en la misma playa. Y si es algo más urgente (fracturas, ahogado que ha tragado agua o turista inconsciente), lo llevan al Hospital Sant Francesc de Borja de Gandia.

Bolo comenta los cambios de los últimos años: "Hasta hace 3 años, hemos trabajado con 4 lanchas, pero tienen el problema de las hélices. Ahora, hemos introducido las motos acuáticas: se gana una actuación más rápida y más segura, ya que es difícil de volcar".

Las embarcaciones comunican el estado de la mar desde su punto de vista, desde el enfoque de dentro el agua, y los socorristas el suyo desde la arena. El jefe de Cruz Roja, Óscar Bolo, saca su conclusión. "Yo decido si se cambia la bandera una vez oído los dos puntos de vista", comenta Bolo.

Casos habituales

"Desde 1993 no ha habido ningún ahogado por inmersión"

Las intervenciones en la puesta sanitaria son numerosas y continuas, sobre todo en los días festivos. Maria Estruch, la médico, explica los casos más habituales: "picaduras de medusas y de pez araña, heridas, insolaciones, quemaduras de sol y lipotimias". El domingo 11 de julio, por ejemplo, hubo 146 casos: 62 picaduras de medusas, 19 niños perdidos o 18 curas de heridas entre otros.

Y durante 1998 se registraron 13.757 intervenciones. Bolo comenta orgulloso que desde 1993 "no ha habido ningún ahogado por inmersión. Eso tiene mérito en una playa como Gandia con tanta afluencia de turistas".

Las intervenciones más graves se deben a infartos y ataques de corazón en persona con patologías de base, es decir, turistas mayores con cardiopatía.

Los casos habituales que atienden los socorristas son ayudar a los bañistas que no pueden salir del agua por retención, sobre todo en gente mayor y niños.

A Jesús Melià le marcó su primera intervención: "El primer día que empecé, a un hombre le cogió un paro cardíaco dentro el agua. Entré y mi compañera avisó a la ambulancia. Intenté reanimarlo en la arena pero no pudimos hacer nada para salvarlo".

Toni Estruch, estudiante de Turismo en la Escola Universitària de Gandia, dedica el verano a la Cruz Roja. "Es un trabajo que me gusta mucho porque haces un servicio a la gente y ves que lo que haces sirve para algo". Estruch añade que algunos bañistas son cabezotas: "Cuando avisas que salgan del agua porque hay bandera roja, te insultan. Te dicen: ‘Yo he pagado para veranear y tu no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer".

A las 7 y media de la tarde se termina la jornada bajando la bandera. Los vigilantes han tenido un descanso para comer, una hora y media fuera de la arena, mientras se queda una persona vigilando cada puesto.

Recomendaciones

Según Óscar Bolo, la playa de Gandia es muy conflictiva "por la afluencia de bañistas, la longitud y la morfología de la playa, ya que es abierta y con corrientes cuando sopla el viento". Bolo da tres recomendaciones básicas para todos los bañistas:

  1. Respetar la bandera. "Porque cuando ponemos una lo hacemos después de unas comprobaciones prácticas y técnicas.
  2. Ir con cuidado con los turistas con patologías de base. "Porque tener una crisis en el agua es peligroso ya que tragan agua".
  3. No despreocuparse de los hijos para que no se pierdan.

 



 

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