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Decían mis mayores que cuando yo era un chavalín
y querían hacerme cabrear me llamaban "pandorgo"
(en el argot del pueblo, monárquico) a lo que siempre respondía
que yo era "publicano". Han pasado los años y ahora
no preocupa lo de "pandorgo" ni lo de "publicano",
el tiempo me ha ensañado lo que ya he repetido otras veces:
el sistema no importa, lo que importa es el hombre, el gobernante,
dígase rey o presidente, sea dictador o demócrata,
liberal o socialista, de derechas o de izquierdas. Cualquier sistema
será bueno o malo si el "jefe" es bueno o malo
y lo demás cuentos.
Por eso me escandaliza la parafernalia que se ha montado alrededor
del noviazgo del Príncipe de Asturias, por muy heredero al
trono de España que sea, y la Sta. Letizia Ortiz
El otro día en TV, creo que fue Peñafiel, decía
que la futura reina no debería de tener pasado. En principio
una estupidez porque pasado, lo que se dice pasado, bueno, malo
o regular, escandaloso o virtuoso lo tenemos todos. Y negar el pasado,
como decía Ortega y Gasset, es absurdo e ilusorio. El pasado
está ahí y no se ha tomado el trabajo de pasar para
que lo neguemos, sino para que lo integremos. Cuando el pasado ya
es historia, hay que pensar en la historia del porvenir.
El refrán español "Si la envidia fuera tiña,
cuantos tiñosos habría" viene a confirmar lo
que ya en el siglo XI escribió Ibn Hazam "Nadie es profeta
en su tierra. Esto es particularmente verdad en este país
(España). Si uno tiene la suerte descollar claramente sobre
sus émulos, entonces se le declara la guerra al desgraciado,
se le convierte en pasto de murmuraciones, cebo de calumnias, imán
de censuras, presa de lenguas y blanco de ataques contra su honor".
Hasta ahora sólo se ha publicado que la Sta. Ortiz es una
persona inteligencia, trabajadora, extraordinaria, sencilla, cariñosa,
culta,. etc. Tantas y exageradas alabanza en la TV, en la radio
y en la prensa, en mi opinión, compartida por el momento
sólo conmigo mismo, no creo que le haga ningún favor.
Porque es axiomático que los españoles, paradojas
de la vida, se nos considera muy generosos y a la vez que muy envidiosos,
por eso el español necesita encontrar en la persona admirada
algo que enturbie esa admiración y le quite importancia.
Podemos aceptar un par de buenas cualidades pero no más.
Si más ineludiblemente aparece el "pero".
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El
"pero" empieza, ya, por aplicarle algunas que otras "lindezas"
a la Sta. Letizia, tales como la de avariciosa, de que es artículo
de tercera mano, de que más usada que las llaves de su apartamento.
Y no sigo transcribiendo comentarios por respeto y cortesía.
A mi personalmente me da lo mismo que D. Felipe se case con una
divorciada, con una viuda, con una soltera o con una esquimal. Pero
puestos a opinar soy de la opinión de esa señora,
que en TV o la radio no recuerdo, decía: "Yo soy divorciada
pero no me gusta que el príncipe se case con una divorciada.
Si quiere igualarse al pueblo lo primero que tiene que hacer es
renunciar a sus privilegios de heredero de la corona". Como
decían los romanos: "La mujer del Cesar, además
ser honrada debe parecerlo". Y la Sta. Letizia puede, como
mujer, ser todo lo que sus compañeros dicen y más,
pero parecerlo ... eso es otro cantar
Por otra parte habrá que confiar en que las TV que emiten
todos esos programas basura de tanto éxito de audiencia se
inhiban de hacer negocio de este acontecimiento tan atractivo.
Así que la pregunta del millón podría ser
¿Cuántos millones están dispuestos a pagar
para montar un programa "rosa" con el ex marido y el ex
novio de la futura reina?. O ¿Hasta cuanto, no hasta cuando
sino hasta cuanto, su ex marido o su ex novio, serán respetuosos
y no saldrán a contar intimidades?.
No olvidemos que "Poderoso caballero es don dinero" dijo
Quevedo en el siglo XVII. Y sigue siéndolo, mayor sin duda
alguna, en el siglo XXI
Por eso creo que lo mejor que podrían hacer los medios de
comunicación (y el entorno monárquico, no menos),
en beneficio de D. Felipe y la Sta. Letizia, sería "olvidarlos",
por lo menos hasta la boda.
Juan Borrás (Gandia)
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