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Se lo juro: no lo entiendo. Quizás sea porque soy un cretino,
un paleto integral o un ignorante desinformado. O las tres cosas
a la vez. Lo cierto es que no lo entiendo. Y cuantas más
manifestaciones y discurso y descalificaciones oigo o leo menos
lo entiendo.
No es mi intención criticar o defender a los componentes
de las multitudinarias y estentóreas manifestaciones en contra
de la guerra ni a los que presuntamente la defienden. El problema
es demasiado complejo, delicado y sutil para que pueda hacerlo careciendo,
como le ocurre al 99.99% del resto de la población mundial,
de una fiel, puntual e imprescindible información.
Con todo no creo que existe ni una sola persona medianamente sensata
que desee la guerra. Y si los miles de millones que no nos hemos
manifestado públicamente en contra de ella es porque no somos
mínimamente sensatos que Dios, Alá y sus cortes celestiales
se apiaden de este falaz y retorcido mundo.
Todos aceptan, incluso los más recalcitrantes y fanáticos
"antiguerristas", que Sadam Husein es una mala bestia;
que posee armas de destrucción masiva, químicas y
bacteriológicas y que además las ha usado contra los
kurdos y los chiítas iraquíes, a los que masacró
impunemente para subyugarles; que empezó su tiránica
dictadura asesinando a 300 de sus más fieles colaboradores;
que, personalmente, les descerrajó un tiro en la nuca a sus
yernos después de jurarles por Ala que les perdonaba si volvían
a Irak; que otro tanto ha hecho con los militares que se les ha
ocurrido manifestar la más mínima discrepancia; que
lo del sufrimiento del pueblo por culpa del embargo es una falaz
y asquerosa manipulación, pues el dinero que saca por la
venta legal del petróleo (la ilegal sólo él
lo sabrá) que le permite la ONU para ayuda humanitaria, para
la compra de alimentos y medicinas se lo gasta en armamentos, y
Dios sabe en que otras cosas inconfesables, sin importarle un bledo
el pueblo; que nadie sabe donde han ido a parar los miles de millones
de dólares que ha cobrado por la venta fraudulenta de restos
arqueológicos; que echó a los
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inspectores porque decía que le "espiaban" (supongo,
si no es mucho suponer, que esa era su misión) con la estúpida
anuencia de la ONU; que a los nuevos, seleccionados por él,
les ha "toreado" mejor que lo hacia Manolete, con el incomprensible
beneplácito del Consejo de Seguridad; que hace doce años
que viene pasándose por la entrepierna las disposiciones
de la ONU, etc. etc. y a pesar de todo ello hasta la fecha sólo
he visto manifestaciones contra USA, Bush, Blair y Aznar, por querer
terminar de una puñetera vez con esta situación, y
ninguna en contra de la "hermanita de la caridad" que
es, al parecer, Sadam Husein, el único que podría,
si quisiera, terminar el problema sin ninguna baja, ni civil ni
militar. ¿Hipocresía o estupidez?. Que alguien me
lo explique porque, como decía O. y Gasset, "negar el
pasado es absurdo e ilusorio, el pasado está ahí y
no se ha tomado el trabajo de pasar para que lo neguemos, sino para
que lo integremos"
Que ignorantes como yo, que desgraciadamente abundamos demasiados
en este cómico mundo, armen la marimorena que se está
armando con lo de guerra no o guerra sí es casi comprensible.
Pero que la provoquen peripatéticos intelectuales o espurios
políticos en busca de una notoriedad inalcanzable por su
propios méritos, es abominable. Hasta la fecha ninguno de
ellos ha propuesto una solución que no sea la de NO HACER
NADA. Alguna resolución habrá que tomar. Yo confieso
que no la sé. Sólo sé que el problema es una
más que evidente cangrena y que dejar pasar y pasar el tiempo
sin tomar una resolución no creo que sea el remedio más
idóneo.
¿Será verdad que la tierra es el infierno de otro
planeta?
Juan Borrás (Gandia)
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