|
Pólvora Mojada
Al
bueno de Gandalf, esta vez, le salieron mal los fuegos artificiales.
Todo iba como la seda durante la larga más de lo
habitual- velada de los premios de la Academia de Hollywood.
Había emoción, había sorpresas, agradables
(como en el caso de Halle Berry) y desagradables (el atraco
a mano armada que supuso el Oscar al insípido Ron Howard),
había polémica (la feroz lucha entre las productoras
Miramax y Dreamworks, saldada, con creces, en favor de esta
segunda), había buen rollito racial y una corrección
política exagerada.
Estuvo incluso Woody Allen, quien, una vez más,
demostró que su amor por Nueva York supera a sus fobias
personales. Pero, sobre todo, había mucha, muchísima
policía. Todo ello, para que al final, como casi siempre,
Hollywood se rindiera ante una burda historia de superación
personal, más propia de uno de esos subproductos televisivos
de sobremesa, frente a rivales que, si bien no pueden considerarse
como la Octava Maravilla, si que concitaban un mayor interés
por parte de los buenos amantes del cine, incluso la alocada
Moulin Rouge!, por la que no siento una especial predilección,
hubiese sido una opción razonable, frente a la ridícula,
falsa, tramposa y olvidable Una Mente Maravillosa.
En fin, lo que prometía al inicio en convertirse en un
paseo militar de La Comunidad Del Anillo, pasó a ser
un estrepitoso e injusto fracaso de la titánica producción
de New Line, derrotada en taquilla por el apestoso Harry Potter,
y en reconocimiento por las huestes insaciables de Dreamworks
(llevan tres años consecutivos llevándose el Gordo,
lo cual resulta más que sospechoso), auténtico
ejército de espectros a las órdenes del Señor
del Mal. Eso, por no hablar de lo de Amelie...
|