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***** GOSFORD PARK (ESPECIAL OSCAR 2001-2002)

Robert Altman

LA REGLA DEL CLUEDO

Si hay algo que siempre he admirado del genial, aunque irregular, director norteamericano, Robert Altman, es su habilidad para partir de argumentos y géneros convencionales para, acto seguido, darles la vuelta y proponernos un discurso personal, cercano a la rebeldía independiente, de la que Altman es auténtico pionero.

En esta oportunidad, ha partido de un tradicional argumento de intriga, que podríamos considerar como una especie de Diez Negritos, mezclado con ingredientes de la popular serie británica Arriba y Abajo, así como con constantes homenajes a La Regla del Juego, de Renoir, un film tan poco conocido por el gran público, como fundamental en la todavía joven historia del cine. Ingredientes que Altman ha sabido combinar con maestría, apoyado, eso sí, tanto en un notable guión, que presta más atención al peculiar retrato de tipos y clases sociales, que a la convencional trama detectivesca que sirve de mera excusa al film, como en un fabuloso reparto formado, principalmente, por intérpretes británicos (salvo la presencia de Bob Balaban y un sorprendente Ryan Phillippe) de primera magnitud, entre los que cabe destacar la exquisita Helen Mirren, la cada vez más asentada Emily Watson y la siempre soberbia Maggie Smith, heredera directa del legado de Bette Davis, pero que el guión, sabiamente, a mi juicio, ha querido que fuera encabezado por una jovencita casi desconocida, la dulce Kelly Macdonald, interpretando un papel de doncella, como eje central de la historia.

Pero si algo, en mi opinión, destaca en la película, es el hecho de que, utilizando un deliberado tono de comedia, aunque sin intenciones abiertamente paródicas (salvo, quizás, en las contadas intervenciones de un despistado detective, en la onda del memorable inspector Clouseau), Altman traza, a partir de referencias y elementos de sobra conocidos y masticados, una implacable, sórdida y cruel sátira de la sociedad clasista y los elementos que la sustentan y definen. Burla de la que parecen víctimas propiciatorias los británicos y sus absurdas normas de cortesía, vasallaje y protocolo, pero de la que tampoco escapan los americanos (el productor de cine permanentemente colgado al teléfono, el joven actor haciéndose pasar por sirviente para indagar en su papel...) y que sólo muestra su contrapunto en la inocencia y sincero recato de la protagonista, al final, la única que logra descifrar las claves del oscuro secreto que guardan las paredes de la honorable mansión de Gosford Park.


Sección moderada por Hugo Flores

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